miércoles, 29 de octubre de 2008

Miedo a la Libertad.


Hace meses recogí unos pajarillos pequeños que quizás hubieran muerto...
Se los dí a mi padre, que le encanta cuidarlos y criarlos desde que yo era una niña.
Ya son grandes, están preciosos y saben volar perfectamente.
Se llaman Epi Y Blas.
Mi padre le construlló una jaula enorme, aunque para mi ninguna jaula es lo suficientemente enorme.
Simplemente no me gustan.
Y también los deja sueltos por la terraza y por la habitación de vez en cuando...
Yo quería que los soltara cuando fueran grandes, pero alquien me dijo que de los "regalos", cuando se regalan , ya no se puede disponer.Y tenía razón.
Y ahora también es dificil el desapego de mi padre a ellos, y sobre todo, de ellos a mi padre y a su jaula.

Lo curioso es que cuando yo vengo a casa de mis padres, siempre les dejo la puerta abierta para que salgan..
Y NO QUIEREN SALIR!!!TIENEN MIEDO A LA LIBERTAD?? !!
Y lo peor ( o lo mejor, no lo sé) es que parecen felices.
Supongo que es una suerte conformarse con tan poco..(o por el contrario no...)

Justo están a mi lado cuando escribo esto...cantando en pajarillo ( un idioma precioso),mientas me escuchan a mi cantar con música.Son super graciosos.
Si llego a la terraza salen, se suben en mi cabeza, juegan con mi pelo, en las macetas...
Pero la ventana, ni la miran... Y cuando se aburren , vuelven a su jaula.Solitos!!
A esa cotidianeidad a la que están acostumbrados.
A esa falta de libertades que hasta buscan.

Yo los soltaría cuando no me viera mi familia, pero...

No se puede obligar a nadie a ser libres...

...ni a perder su libertad ...

No creeis??

4 comentarios:

Anónimo dijo...

quizá para ellos la libertad es la de haber elegido quedarse con vosotros

:)

Felipez dijo...

"Si llego a la terraza salen, se suben en mi cabeza, juegan con mi pelo, en las macetas..."
Qué historia más bonita...
Había un monje budista en una tierra virgen de otros seres humanos que no fueran él, en esa tierra había un lago y en el lago unos peces que, a lo largo de muchos años fueron visitados por este monje, quien les echaba de comer. Cuando el monje era anciano seguía visitando a los peces pero ya no soltaba las migajas sino que los peces le acariciaban y jugaban con él después de comer de su propia mano.
Lo importante que son la confianza y la tranquilidad.

Felipe dijo...

Gorrión... gorrión... gorrión... qué bien suena!

Anónimo dijo...

Me encanta asomarme a tu blog. Me quita hasta el frío.

Gracias

:)